Soy impulsiva.
Si son gratos, me siento dichosa, orgullosa, eufórica....
Pero cuando son pésimos... me siento afligida, boba y me arrepiento....creo.
Por un lado siento un peso de plomo sobre mis hombros, un dolor amargo, pero no sé si me siento del todo arrepentida, porque lo que haces son fallos o aciertos que te hacen madurar, te hacen aprender a no caer en la misma piedra, son recuerdos, parte de tu vida, son pequeñas aventuras que quedarán grabadas dentro de nosotros.
En el único momento que me arrepiento, que puedo llegar a ahogarme en mis propias lágrimas, es cuando hago daño a alguien que quiero.
Y temo decir que a veces, no sé como arreglarlo, porque hay momentos en el que las palabras se las lleva el viento y por ello una disculpa no es escuchada, la persona no quiere oírnos, porque tiene miedo de que la herida se abra más.
Me pierdo en mis propios sentimientos y no sé qué debo sentir, no sé como hacer que todo se arregle, porque la vida,en ciertas ocasiones es dulce y parece que vaya lenta, un sin acabar de días,meses y años... Pero otras, es dura y veloz, desgraciadamente no se puede volver al pasado y enmendar lo ocurrido.
Y crece ese sentimiento tan funesto, el arrepentimiento.
No se puede regalar algo al desdichado que has malherido, porque a las personas no se las compra, a pesar de uqe vivamos en una época én la que, aparentemente, lo único que realmente importa son los objestos materiales, un mundo consumista y no sentimentalista.
No puedes pelearte, porque la fuerza destruye, es un acto demoledor y estúpido, que provoca heridas más allá de la física, crea heridas en los recuerdos, en el alma, en los sentimientos...
Una discusión, tampoco es un buen método, porque en esas circunstancias, no se sabe lo que se dice, y muchas veces las palabras son el arma más dolorosa.
Si no lo somos... Puede que siempre carguemos con parte de ese peso de plmo sobre nuestros hombros... pero no nos quedamos de brazos cruzados, no cerramos lo ojos para no ver como sufría un ser querido... Intentamos crear una solución.
Y no fue en vano, porque cada intento de disculpa, es una pequeña aventura que permanece dentro nuestra memoria.
¿A qué esperas?




Todos somos humanos. Todos somos personas.
































